¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría si tus películas y series favoritas de los 80 estuvieran conectadas de la forma más retorcida posible? Pues abróchate el cinturón, porque hoy te traigo una conspiranoia fan tan elaborada como absurda: la verdadera historia de Al Powell, el simpático policía de Jungla de Cristal.
Spoiler: la historia no es tan simpática.
El Trauma que lo Empezó Todo: Nueva York, 1984
Todos recordamos al sargento Al Powell como ese poli negro entrañable que compra Twinkies y ayuda a John McClane por walkie-talkie.

Pero retrocedamos un poco. Al era un joven policía en Nueva York, y 1984 fue... digamos que un año intensito.
¿Recuerdas cuando un 'marshmallow' gigante intentó destruir la Gran Manzana en Cazafantasmas? Pues imagina ser un policía novato presenciando eso. Demonios interdimensionales, portales al infierno, el 'muñequito' de los Marshmallows... No es exactamente el entrenamiento estándar de la academia.


Al quedó traumatizado. Semanas después, en un callejón oscuro, los nervios le traicionaron. Creyó ver una amenaza sobrenatural y disparó. Cuando bajó el arma, no había ningún fantasma. Solo un crío de 13 años.
La investigación lo absolvió, pero él sabía la verdad, así que hizo lo único que podía hacer: desaparecer.
Egon explicando la teoría con los Twinkies.
¿Recuerdas cuando un 'marshmallow' gigante intentó destruir la Gran Manzana en Cazafantasmas? Pues imagina ser un policía novato presenciando eso. Demonios interdimensionales, portales al infierno, el 'muñequito' de los Marshmallows... No es exactamente el entrenamiento estándar de la academia.
Cuando envió a los Cazafantasmas al Ayuntamiento
Al quedó traumatizado. Semanas después, en un callejón oscuro, los nervios le traicionaron. Creyó ver una amenaza sobrenatural y disparó. Cuando bajó el arma, no había ningún fantasma. Solo un crío de 13 años.
La investigación lo absolvió, pero él sabía la verdad, así que hizo lo único que podía hacer: desaparecer.
Gus, el Chófer de Limusinas
Al colgó la placa, se cambió el nombre a "Gus" y buscó el trabajo más alejado posible de la violencia: conductor de limusinas en Nueva York.
En Cocodrilo Dundee, hay un chófer llamado Gus que ayuda al protagonista a adaptarse a la ciudad. ¿Coincidencia? Según esta teoría, ni de coña. Ese era Al Powell intentando reconducir su vida.
"!Tranquilo!, Soy chófer de limusina."
Mick Dundee, con su filosofía relajada de "no te preocupes, todo saldrá bien", fue exactamente lo que Al necesitaba. Y fue Dundee quien le dio el consejo definitivo: "Vuelve a ser policía, amigo. Pero hazlo lejos de aquí. La costa oeste te vendría bien".
El Reinicio en Los Ángeles
Al se trasladó a California y entró en el LAPD. Nuevo nombre, nueva ciudad, nueva oportunidad. Pero como dice el refrán (y Neil Gaiman), 'vayas donde vayas, te llevas a ti mismo contigo'.
Llegamos a la Navidad de 1988. Al está comprando un montón deTwinkies en la tienda 24h de una gasolinera cuando recibe la llamada que lo enviará al Nakatomi Plaza. Pero fíjate en los detalles:
- Los Twinkies: Al le dice al dependiente que son para su esposa embarazada. Pero mira sus manos. No lleva anillo. No hay esposa. Los Twinkies son su conexión con la explicación que Egon Spengler dio sobre la energía psicocinética en Nueva York. Son su forma de racionalizar lo irracional.
- La mentira: Inventa una familia porque es más fácil que admitir que está solo, obsesionado con un trauma que nadie más entiende.
¿Y el anillo pa' cuándo?
El hundimiento
Y entonces llega el momento crucial. Para salvar a John McClane, Al debe hacer lo único que juró no volver a hacer: disparar a matar. El sonido de ese disparo final a la cabeza del terrorista es el sonido de su cordura rompiéndose en mil pedazos.
Dos personas muertas a sus manos. Un niño en Nueva York como le contó a John por radio y ahora un terrorista en Los Ángeles. Para Al, ya no hay diferencia. Su mente no puede soportarlo más.
Welcome to Chicago (o no)
Aquí es donde la teoría se pone realmente chunga. Según esta versión, Al sufrió un colapso mental total y fue internado en una institución psiquiátrica. Y para escapar del horror de su realidad, su mente creó un refugio.
Ese refugio se llama Cosas de Casa (Family Matters).
Piénsalo: de repente Al Powell es Carl Winslow. Ya no está en Los Ángeles ni en Nueva York. Está en Chicago, en una casa preciosa, con una esposa afectuosa (Harriette), tres hijos, y sigue siendo policía, pero en un mundo donde nadie muere de verdad y todos los problemas se resuelven en 22 minutos con risas enlatadas.
La Llegada de Steve Urkel
La culpa no desaparece tan fácilmente. El subconsciente de Al empieza a sabotear su propia fantasía, y lo hace en forma de adolescente con tirantes y voz chillona: Steve Urkel.
¿Alguna vez te has preguntado por qué Carl odia tanto a Urkel? No hay una razón lógica para ese nivel de repulsión. Y es porque Urkel representa al crío que Al mató en Nueva York.
Urkel invade su casa, destruye su paz, y le recuerda constantemente su fracaso. Por más que Carl intente echarlo, Urkel siempre vuelve. Porque la culpa siempre vuelve.
"¿He sido yooo?". Pues sí, es ese crío quien lo inició todo.
El Colapso del Sueño
Con el tiempo, los cimientos de la fantasía se vuelven inestables:
- La hija pequeña, Judy, desaparece de la serie sin explicación. La mente de Al ya no puede mantener en pie la ilusión.
- Carl sufre un ataque al corazón en uno de los episodios. El mundo de Chicago se está desmoronando.
- Los personajes secundarios van y vienen sin coherencia. El sueño se fragmenta.
- Aparecen robots y figuras absurdas como versiones enanas de ellos mismos.
La Cruda Realidad
Y así terminamos donde empezamos: con Al Powell en una celda acolchada, en algún hospital psiquiátrico de California. Todo Cosas de Casa fue el intento desesperado de un hombre roto por perdonarse a sí mismo.
Las risas enlatadas son el eco de una cordura que ya no existe. Ese Chicago nunca fue real. Carl Winslow nunca existió. Solo queda Al, atrapado entre el recuerdo de un niño muerto en Nueva York y un sueño imposible en Chicago.
Conclusión
¿Es esta teoría completamente ridícula? Por supuesto. ¿Tiene sentido si analizas demasiado los detalles de películas y series que nunca pretendieron estar conectadas? Sorprendentemente, sí.
La próxima vez que veas un capítulo de Cosas de Casa, no podrás evitar preguntarte: ¿y si Carl Winslow está sonriendo porque es lo único que le queda para no derrumbarse?
¿Tienes tu propia teoría conspiranoica sobre universos cinematográficos conectados? ¡Déjala en los comentarios!







